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  Cirugía Reconstructiva

 



  

La patología uretral masculina es tan antigua como la humanidad, ya sea en lo que se refiere a anomalías congénitas (hipospadias y epispadias) como a procesos adquiridos, inflamatorios o traumáticos, que desembocan en la formación de cicatrices estenosantes.
Es en la segunda mitad del siglo XX cuando las técnicas de uretroplastia con transferencia de tejidos van a influenciar toda la evolución de la cirugía reconstructiva uretral hasta alcanzar el nivel actual, que permite solucionar definitivamente alrededor del 90% de las estenosis.

El advenimiento de los antibióticos y de la uretrotomía interna visual redujo la frecuencia y severidad de las complicaciones, pero para la mayoría de los pacientes, tanto la dilatación como la uretrotomía endoscópica siguen siendo medios paliativos y no curativos de su enfermedad. Las únicas estrecheces que pueden responder a la uretrotomía interna son las de tipo diafragma con poca fibrosis, muy cortas, únicas, situadas en la uretra bulbar, y aún así la tasa de éxitos es de alrededor del 50%. Si una uretrotomía no cura al paciente, la segunda vez rara vez lo hará y la tercera no lo hará nunca.

El menor índice de complicaciones y de re-estenosis se consigue por medio de la excisión de la estenosis seguida de la anastomosis término-terminal de los dos cabos sanos de la uretra. Cuando ha sido correctamente indicada, en casos vírgenes de tratamientos previos, se consigue más del 90% de éxitos. Por ello, el primer principio de las uretroplastias es que siempre que sea factible, debe realizarse una técnica anastomótica.

Cuando no es factible realizar una uretroplastia anastomótica término-terminal, hay que recurrir a una uretroplastia de sustitución. Esta eventualidad se da en estenosis de la uretra peneana y en aquellas situadas en la uretra bulbar que miden más de 2 cm o sean múltiples. Actualmente, la técnica de elección para uretroplastia de sustitución en estenosis bulbares es indudablemente el injerto libre de piel prepucial o en su defecto, de piel retroauricular o de mucosa oral.

Por lo que respecta al tratamiento quirúrgico de las malformaciones congénitas como el hipospadias , la edad y el tamaño del pene son factores importantes; la edad ideal es entre los 6 y 12 meses, aunque se puede operar hasta los 2 años, que es cuando surge la atención hacia los genitales y se educa la micción. Cualquiera de los procedimientos quirúrgicos ha de tener por finalidad la restauración no solo funcional, sino estética, puesto que el aspecto anormal de los genitales implica el compromiso de la propia imagen del varón, que deja profundas cicatrices psicológicas cuando no es corregido adecuadamente.

 

Las metas actuales de la cirugía de hipospadias son la micción en posición de pie, una función sexual normal, con erección recta, y un aspecto estético de genitales, con el meato colocado cerca de la punta del glande, y una piel móvil, distribuida normalmente; las cicatrices deben ser poco visibles, recordando lo más posible a una circuncisión. Las malformaciones asociadas del escroto y testículos deben ser corregidas también.

En nuestra Unidad tenemos amplia y reconocida experiencia en cirugía reconstructiva uretral tanto en la edad infantil como en la edad adulta en cualquiera de las técnicas utilizadas actualmente ya sean anastomóticas o mediante transferencia de tejidos como la mucosa oral.





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